Cuando hablamos del uso de pantallas en niños pequeños, la conversación suele moverse rápidamente hacia dos extremos: cuánto tiempo deberían utilizarlas o si sería mejor evitarlas por completo.
Pero quizás hay una pregunta anterior que deberíamos hacernos:
¿Cuándo comenzamos a enseñar a un niño a relacionarse de manera saludable con la tecnología?
La respuesta podría ser mucho antes de lo que pensamos.
Entre los 3 y 5 años los niños están aprendiendo constantemente a relacionarse con su entorno. Aprenden que hay momentos para comer y momentos para jugar; que debemos esperar un turno; que algunas actividades tienen un comienzo y un final; que podemos disfrutar algo y, aun así, detenernos para hacer otra cosa.
¿Por qué no comenzar también a construir desde esta etapa las primeras nociones de bienestar digital?
No se trata de prohibir las pantallas
Las pantallas forman parte del entorno en el que están creciendo los niños de hoy.
Están presentes en sus hogares, en los teléfonos de sus familias, en las videollamadas, en la música, en los cuentos interactivos, en algunas experiencias educativas y, progresivamente, en muchos de los espacios en los que aprenderán y se comunicarán.
Por eso, plantear la educación digital únicamente desde la prohibición puede quedarse corto.
La National Association for the Education of Young Children (NAEYC), por ejemplo, reconoce que la tecnología puede utilizarse de manera apropiada e intencional con niños pequeños cuando está integrada a experiencias de aprendizaje y acompañada por adultos. (NAEYC)
La pregunta, entonces, no debería ser solamente “¿pantallas sí o no?”, sino:
¿Para qué?, ¿Cuándo?, ¿Qué estamos viendo?, ¿Con quién? y ¿Qué otras experiencias están ocurriendo durante el día?
Equilibrio no significa repartir el día entre “pantallas” y “no pantallas”
Hablar de equilibrio tampoco significa que todas las actividades deban recibir la misma cantidad de tiempo.
En la primera infancia siguen siendo fundamentales el movimiento, el juego libre, la exploración, las conversaciones, los cuentos, el contacto con otros niños, la naturaleza, el descanso y las experiencias sensoriales.
La Organización Mundial de la Salud continúa recomendando limitar el tiempo sedentario frente a pantallas en menores de cinco años y priorizar el movimiento, el sueño y el juego. (World Health Organization)
Pero existe una diferencia importante entre limitar y simplemente prohibir.
Limitar puede significar enseñar que la tablet tiene un momento para comenzar y otro para terminar.
Que podemos mirar un cuento en una pantalla y después representar la historia con muñecos.
Que podemos ver un video sobre animales y luego salir a buscar hormigas en el jardín.
Que podemos utilizar una aplicación para dibujar y también experimentar qué ocurre cuando nuestras manos tocan pintura, arena, agua o plastilina.
La pantalla no tiene que competir necesariamente con todas esas experiencias.
Podemos enseñar a los niños a conectarlas.
De controlar el tiempo a acompañar la experiencia
Durante años, gran parte de la conversación sobre infancia y tecnología se resumió en contar minutos.
El tiempo sigue siendo importante, especialmente en estas edades. Sin embargo, las recomendaciones actuales de la American Academy of Pediatrics proponen observar también otras dimensiones del uso digital: las características de cada niño, el contenido que consume, si existe calma o autorregulación alrededor del dispositivo, qué actividades está desplazando y cómo se está produciendo la comunicación familiar sobre la tecnología. (HealthyChildren.org)
Esto cambia considerablemente nuestra mirada.
Treinta minutos utilizando una pantalla de manera automática mientras cada adulto está haciendo otra cosa no representan necesariamente la misma experiencia que treinta minutos compartiendo un cuento interactivo, hablando sobre lo que aparece en él y relacionándolo después con una actividad fuera de la pantalla.
No solamente importa cuánto. También importa qué, cómo, cuándo y con quién.
¿Y qué puede aprender un niño de 3 años sobre bienestar digital?
Mucho, aunque todavía no conozca ese término.
Puede empezar a aprender que:
- una actividad digital también tiene un principio y un final;
- no necesitamos una pantalla durante todas las esperas o momentos de aburrimiento;
- podemos disfrutar un video y después continuar jugando;
- existen muchas maneras de divertirnos;
- los adultos también guardan sus dispositivos en determinados momentos;
- algunas experiencias digitales se disfrutan más cuando las compartimos;
- lo que vemos en una pantalla puede convertirse después en conversación, movimiento, juego o exploración.
No necesitamos explicarles conceptos complejos sobre “autorregulación digital”.
Podemos empezar simplemente construyendo experiencias.
Los adultos somos parte de esa educación
Hay algo particularmente importante en Early Preschool: a esta edad los niños aprenden muchísimo observando.
Podemos decirles que dejen la tablet, pero también están observando qué hacemos nosotros con nuestros teléfonos.
Podemos pedirles que no utilicen pantallas durante la comida, pero esa regla adquiere un significado diferente cuando también es respetada por los adultos.
Por eso, hablar de bienestar digital infantil inevitablemente implica hablar de acompañamiento y modelado adulto.
La tecnología puede convertirse así en otra oportunidad educativa.
No para criar niños que tengan miedo de las pantallas.
Tampoco para entregarles dispositivos sin límites.
Sino para acompañarlos, progresivamente, a comprender que las pantallas son una posibilidad dentro de muchas otras formas de jugar, aprender, comunicarse y descubrir.
Empezar temprano también es educar
Quizás no necesitamos esperar a que un niño tenga ocho, diez o doce años y aparezcan las primeras discusiones sobre videojuegos, teléfonos o redes sociales para comenzar a hablar de bienestar digital.
Las bases pueden empezar mucho antes.
Cuando un niño de tres años aprende que puede cerrar una tablet y continuar una historia jugando.
Cuando descubre que después de mirar un animal en una pantalla puede salir a buscarlo en un libro.
Cuando comprende que hay momentos para mirar y momentos para correr, construir, conversar, imaginar o simplemente aburrirse.
Ahí también estamos educando.
Porque el objetivo no debería ser criar niños alejados de la tecnología.
Debería ser ayudarlos, desde pequeños, a construir una relación consciente, acompañada y equilibrada con ella.
Y quizás esa sea una de las primeras formas de alfabetización mediática que podemos enseñar.
Escrito por Maria Eugenia Orta